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martes, 6 de febrero de 2018

Desayuno con “Churros”

“Los Valenciano, cuatro generaciones con las manos en la masa”

Estoy segura que la encantadora Audrey Hepburn no hubiese despreciado un buen desayuno a base de chocolate con churros, porque, seamos serios, los diamantes puede que sean para siempre pero seguro que resultan muy indigestos. Bromas aparte, los churros y las porras forman parte de nuestra gastronomía más arraigada, tanto que estos lazos fritos se han convertido en todo un símbolo para el Madrid más castizo. Es curioso como algo tan sencillo; realizado a base de harina, agua y sal, tiene tantos seguidores.

No hay consenso sobre el origen de este exquisito tentempié, pero todo hace pensar que su origen es ancestral. Algunos creen que los inventores fueron los egipcios, pues se han encontrado algunas escenas de panadería en la tumba de Ramsés III (1184 – 1153 a.C.) en las que se ve como elaboran un producto en forma de espiral en lo que parece una sartén alimentada con un fuego. Otros consideran que su origen está en la antigua China, donde se consumían unas tiras de masa frita dorada y salada llamadas youtiao, tradicionalmente durante el desayuno, y que fueron los mercaderes portugueses quienes lo importaron a la Península Ibérica adaptando la receta a su gusto; añadiendo azúcar en lugar de sal y dándole la característica forma de estrella. Otra teoría cuenta que fueron los pastores españoles quienes popularizaron esta vianda y los que le dieron el nombre de “Churro”, por el parecido de estos con los cuernos de la oveja churra.

viernes, 8 de julio de 2016

Relaxing café con leche, en Pinto.


Hola! Café.


Carrot Cake, Red Velvet, Guinness Cake, Cheesecake, Cupcakes, Cookies...Tranquil@s, no os asustéis, no pienso escribir este post en inglés, más que nada porque mi nivel no es muy bueno, así que seguiré escribiendo en la lengua de Cervantes.

Como no quiero desvelar, antes de tiempo, lo que hay detrás de esos dulces nombres empezaré por hacer un pequeño llamamiento al gremio hostelero. Las personas más allegadas a mí saben que soy una adicta al té y me gusta tomar esta deliciosa bebida como se merece, pues como decía Kakuzō Okakura “el té es una obra de arte y necesita de una mano magistral que sepa sacarle de dentro sus cualidades más nobles”. Seguro que más de un amigo y amiga estarán ahora sonriendo y asintiendo con la cabeza, y es que alguna vez me he tenido que revelar contra esa mala costumbre de depositar directamente en un vaso de cristal la bolsa de té. Sacrilege!


No señalo a nadie, pero, ¿no os ha pasado alguna vez que os sirven un té, o un café; más o menos decente, en un vaso serigrafiado con la marca de una cerveza muy conocida, y después os piden dos eurillos por la “delicia”? seguro que sí. Ya sé que soy muy “pijotera” pero creo que si un buen vino debe servirse en una copa de cristal, lo mismo le ocurre al té, y/o al café, mejor servirlo en una taza. Y no digo de utilizar los veinticuatro objetos de menaje del té que el poeta chino Lu Wu describia en su libro “Ch’a Ching” (El libro sagrado del té), pero sí, por lo menos, una tetera y una taza.



Después de esta pequeña protesta; que espero no me toméis mucho en cuenta, seguro que habéis adivinado sobre qué tratará la siguiente historia.